Nataraj Express

Journey to the Self


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Ser es un verbo

Cuando comienzas a vivir el día a día desde la perspectiva del ‘observador’ (normalmente usaré esta palabra para no confundir con términos filosóficos o en otros idiomas, por ejemplo, Atman/alma/verdadero Ser, etc.) algo mágico comienza a ocurrir.
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Te empiezas a dar cuenta de que la mayoría de lo que creías eran problemas externos, son sólo perspectivas internas propias. Nada más. Están inherentemente vacíos.
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Vacíos como la realidad misma. Vacío de contenido de lo conocido. Si se puede conocer, es que debe de haber un conocedor, que conoce.
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El vacío nos da la libertad de entender que la realidad no es dual, no puede serlo.
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No somos el conocimiento, ni siquiera el que observa y conoce, todo es el acto mismo de conocer (Brahman/Dios/Universo/elige lo que más te guste).
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Ser es un verbo.
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Muevo el cuerpo al ritmo de mi respiración, conectando, observando, sintiendo esa conexión infinita de mi ser (pequeña Mente/alma) con el Todo (gran Mente/dios) hasta que intuyo que es lo mismo (Atman es Brahman), y hasta que fluyo al ritmo de esta realidad vacía y no dual, tan llena de posibilidades.


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Aquí y Ahora

A veces me sorprendo
pensando en que,
si nada impidiera
que nada ocurriera,
seguiría estando aquí y ahora.
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Si no hubiera muerte,
ni principios,
ni finales;
si no hubiera necesidad
o responsabilidad,
elegidas u obligadas,
seguiría estando aquí y ahora.
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A veces me da miedo
pensar en que,
cuánto más quieta
me he quedado,
más he recorrido;
y si pudiera ir a cualquier parte,
y puedo,
seguiré siempre estando
Aquí y Ahora.


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Perfección

Perfección.
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Toda una vida obsesionada con buscarla, sin darme cuenta de que perfecto para mí, solo significa aceptación.
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Aceptación de lo que es, como es, en el momento. Sin intentar controlar nada, sin intentar cambiar nada. Amando cada instante tal y como se presenta. Perfecto es siempre el momento.
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Últimamente las palabras del maestro Dogen resuenan más y más en mi mente, ya sabeis que siempre las respito; “Si no puedes hallar la verdad justo donde te encuentras, ¿dónde más esperas hallarla?”.
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Toda una vida en movimiento constante, miles de memorias de lugares que ya forman parte de mis células y no tanto de mi recuerdo… Cuando la vida se vuelve sueño o el sueño vida. Cuando las líneas de lo que fue y creímos vivir se funden en un abrazo en el olvido. Más de 40 países, más aviones y transportes de los que pueda contar, más movimiento que quietud. Más buscar y buscar porque me sentía incompleta, vacía, sin guía. Hasta que aprendí a ser yo misma la voz a la que escuchar.
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Desde hace un tiempo (el tiempo pierde su esencia lineal para mí ahora mismo) nada me hace más feliz que estar sentada en silencio en cualquier lugar.
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Qué hacer cuando ya no hay nada más que buscar? Cuando uno entiende realmente que el verdadero viaje siempre ha sido hacia uno mismo?
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Nada. Nada que hacer. Esa es la clave. Nada es siempre la respuesta. El vacío. La quietud abismal del eterno presente.
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Te atreves a quedarte quieto? Te atreves a quedarte sentado con tu dolor hasta que se disuelva en comprensión y aprendizaje? Te atreves a sentir el sufrimiento tuyo que te conecta a todos los demás y todo lo que existe? Te atreves a darte permiso para simplemente ser? Te atreves a mirar de frente a la impermanencia y amarla aún así? Mirarte a tí mismo reflejado en el espejo de tus experiencias? Te atreves a sentarte en silencio y dejar que el silencio hable?
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Te atreves a estar en paz? Te atreves a ser feliz? Te atreves a escuchar tu verdad?
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Sintiendo

Llevo unos días con una sensación sobrecogedora en el cuerpo y en el corazón. Por diferentes motivos, por diferentes historias y personas. Algunas cerca, algunas lejos. Por aquellos que amo y por aquellos que ni siquiera conozco, pero siento parte de mí.
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Las lágrimas brotan sin cesar, mis emociones están revueltas, pero mi mente está clara y serena. La oportunidad perfecta para observar lo que me ocurre mientras me dejo sentir. Mientras me dejo ser en el momento. Mientras me permito sufrir un instante por aquello que me duele. Mientras me permito ser vehículo de dolor y lecciones aprendidas.
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Siempre he creído que si algo te hace sufrir, no es una tontería, por pequeña o grande que sea la razón, tenemos derecho a sentir dolor, a pasar un tiempo de duelo con y por nosotros mismos, y más importante, estando verdaderamente EN nosotros mismos, en el momento presente.
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La vida me va dejando claras ciertas cosas, y una de ellas es la gran necesidad de darnos permiso a sentir lo que estemos sintiendo. Sea lo que sea, tenemos derecho a dejarlo nacer, vivir y transformarse. Porque lo que todos sabemos, es que nada dura para siempre, ni siquiera ese dolor, ni ese sufrimiento, que sentiremos con nosotros un pequeño instante en la eternidad del tiempo.
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La transmutación real sólo ocurre una vez vividos y sentidos todos los estadios. La increíble alquimia del corazón. Que se rompa en tantos pedazos que sólo la luz y el amor puedan mantenerlo unido y en constante cambio y crecimiento.
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